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Entrevista a Rocío Cardeñoso en El Diario Montañés: "Da mucha rabia que Sanidad valore tan poco a la enfermera"

  • 23/04/19
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Rocío Cardoñoso, Presidenta del Colegio de Enfermería. Defensora a ultranza de la Atención Primaria, se niega a "ser cómplice del declive total y absoluto del modelo" y por eso ve "justificada" la huelga de enfermería, que va a ser una protesta "histórica"

El Diario Montañés do., 21 abr. 2019. ANA ROSA GARCÍA. Foto: ROBERTO RUIZ

SANTANDER. Rocío Cardeñoso (Santander, 1971) se declara defensora a ultranza de la Atención Primaria, a la que ha dedicado de lleno sus 27 años de carrera profesional, por eso le duele ver cómo se desmorona el modelo por "decisiones políticas" y "falta de criterio". La presidenta de las enfermeras cántabras ve más que "justificada" la huelga recién convocada por el sindicato Satse, que será "histórica" –la primera en 40 años–, "porque no queremos ser cómplices del declive total y absoluto del sistema". La puntilla al "hartazgo" acumulado esta legislatura, "en la que no ha habido ningún plan estratégico ni se han atendido nuestras propuestas", ha sido el polémico acuerdo para implantar la jornada de 36 horas, diseñado de espaldas a la enfermería: "Da muchísima rabia que Sanidad dé tan poco valor a nuestro trabajo, que es imprescindible. Estamos para cuidar a la sociedad, que es la esencia de la Atención Primaria".

–¿Imaginaba que iba a llegar a ver una huelga de enfermería?

–No. Los médicos son más reivindicativos, pero las enfermeras somos un colectivo fácil de gestionar. Independientemente de los aspectos que criticamos del acuerdo, como las diferencias retributivas y que no se reconoce nuestro trabajo, el motor de esta convocatoria es que creemos que se perjudica a la Atención Primaria. Es muy meritorio que una profesión luche no solo por intereses laborales sino por un modelo sanitario potente.

–¿Qué es lo que más ha indignado al personal de enfermería?

–Somos convencidas del valor del cuidado y de la salud, por eso lo que más nos indigna es cómo se está destruyendo la Atención Primaria por decisiones políticas. Cuando se están moviendo los pilares del sistema, piensas que hay que hacer algo. Las enfermeras no queremos ser cómplices del declive total y absoluto de la Atención Primaria. Y nos duele que se le dé tan poco valor a nuestro trabajo, eso da muchísima rabia. 

–¿Cree que esta legislatura ha habido un abandono de la Primaria?

–Ha sido una legislatura complicada, ha habido dos dimisiones en bloque de la Dirección de Enfermería, una en Valdecilla y otra en Atención Primaria. Nada es por casualidad. No se ha encontrado salida a las propuestas de las enfermeras. Desde el Colegio planteamos a la Consejería soluciones en vista del caos, de que se tomaban decisiones bajo un criterio de apagar fuegos, pero sin un proyecto definido. 

–¿Filtrar la demanda de consulta de los médicos, uno de los puntos conflictivos del acuerdo firmado, fue el detonante de la dimisión de la Dirección de Enfermería del verano?

–Seguro que ha sido por más razones, pero es el desencadenante claro de la situación. Si estás en un proyecto en el que quieres construir y potenciar la educación para la salud, con el que estaba volcada la Dirección, y no ves que encaje en ninguna estrategia, que no tiene valor real, porque a la hora de hablar de trabajo sólo se cuenta con los médicos...

–¿Le sorprende que se haya llegado a esta situación siendo la consejera médico de familia?

–Cuando uno está a esos niveles, contempla otra serie de cosas. Estoy muy decepcionada porque los grandes proyectos que planteamos, que era la enfermería escolar y el impulso a la Atención Primaria, han fracasado.

–¿El colectivo enfermero se ha sentido traicionado por quedar excluidos de esta negociación?

–Pues sí, ya no solo traicionados, sino que incluso hemos ido por delante, con propuestas, con la demanda de un plan, ofreciéndonos a colaborar. Las enfermeras hemos puesto toda nuestra voluntad porque creemos firmemente en la Atención Primaria, es un valor que da salud a las personas, tenemos que luchar por ella (que la gente aprenda a cuidarse, a hacer ejercicio, que las madres sepan cuidar de sus hijos, de los ancianos...) cuando funciona genera bienestar social. No puede limitarse a pedir pruebas y recetar fármacos, a convertir los centros de salud en minihospitales.

–Ya le ha transmitido a la consejera de Sanidad su desacuerdo con la propuesta para Atención Primaria. ¿Qué respuesta le ha dado?

–El objetivo del encuentro era poner en común todas las discrepancias que teníamos sobre el acuerdo. Y como previamente no habíamos tenido opción de opinar, algo que parecía lógico, pues queríamos trasladar ese malestar. Creemos que es una medida inconexa. Llevamos reivindicando desde el pasado verano una estrategia para la Atención Primaria de Cantabria, que no ha habido en toda la legislatura. Entendíamos que se estaba biomedicalizando cada vez más, es decir, haciendo funciones meramente de atención a enfermos, que lógicamente es una función fundamental, pero que estaba totalmente desvirtuada la esencia, que es la promoción y la educación para la salud, que es anecdótica y había que reactivarla.

–¿Qué otras propuestas de mejora ha ignorado la Consejería?

–La libre elección de enfermera se lo pedimos nada más ser nombrada consejera. Somos de las pocas comunidades autónomas en las que no está regulado. El paciente sabe quién en su médico, porque tiene el nombre en su tarjeta sanitaria, pero no tiene enfermera adscrita, con lo cual para cualquier cosa se recurre al médico, incluso cuando se trata de cuestiones que son de nuestra competencia. Cuando demandamos que hacía falta una estrategia, presentamos un documento consensuado con todas las asociaciones de enfermería comunitaria de España, que incluía la libre elección de enfermera. 

–¿Descongestionaría eso las consultas de los médicos?

–Sin duda. Se tiene que analizar de qué están saturadas las consultas médicas. Por qué no se hace un análisis de la demanda antes de tomar otras decisiones. Y si queremos potenciar la consulta abierta de enfermería para no tener tan saturada la consulta del médico, lo primero que tienen que saber los ciudadanos es quién es su enfermera. Los pacientes crónicos lo saben, pero no los sanos, que es sobre los que nos interesa trabajar (dieta sana, deshabituación tabáquica, citologías, información de anticonceptivos...). A la consejera le encantó la propuesta, se comprometió a crear un grupo de trabajo, y hasta hoy.

–Y de repente se encuentran con este acuerdo. ¿Qué es lo que más le ha chocado de su contenido?

–Se habla de la gestión de la demanda urgente a cargo de las enfermeras, es decir, que valoren todo lo que esté por encima de agenda en los médicos, que se limita a 28 pacientes diarios para garantizar los diez minutos de consulta, y eso está muy bien. Pero ¿qué hacemos con el resto? Como no se ha hecho un análisis de la demanda real sino que se hace todo improvisando y con parches, pues que la enfermera vea todo lo que llegue y que decida –en base a unos protocolos que parece que van a hacer– si lo ve ella, si manda al paciente para casa o le cita con el médico. Todo eso de palabra, porque en el acuerdo no dice nada, la redacción es bastante engañosa. Se apunta que la gestión se hará de acuerdo a las competencias, pero las órdenes de la Gerencia es que se preparen las agendas de las enfermeras y que todo lo que llegue fuera de cita, cuando esté la agenda del médico llena, se cite con la enfermera. Con lo cual, cuándo vamos a hacer la educación grupal, la atención a pacientes inmovilizados, las visitas domiciliarias... si tenemos que esperar en el centro por si llega una urgencia para el médico. Es un retroceso, es cargarse la Atención Primaria con una falta de criterio total y absoluta.

–¿Implica que se les atribuyen competencias ajenas a la enfermería?

–Lo peor de todo es que no saben ni lo que nos atribuyen. El triaje de enfermería es un modelo que está implantado en algunas provincias. En Valladolid lleva un año y ha generado bastantes problemas entre los profesionales. Tiene que quedar claro que las enfermeras no somos minimédicos, somos profesionales diferentes y nosotras nos dedicamos al cuidado de las personas. Cuando viene una urgencia puede ser de enfermería (herida, tapón en un oído, control del sintrom...) y nos las citan directamente, pero por ejemplo si un paciente viene con fiebre por un catarro no podemos hacer un diagnóstico diferencial de si es una neumonía, ni lo sabemos ni es competencia nuestra.

–¿Le resulta incongruente que se les encargue el filtro de la demanda cuando sigue sin definirse la prescripción enfermera?

–Nos ha pasado la consejera el borrador de la orden, para poder prescribir productos sanitarios y vacunas de calendario, aunque todo eso lo estamos haciendo sin estar aún acreditadas. Lo hemos asumido por ser corresponsables, por el buen funcionamiento del sistema. Pero desde luego que no tiene ningún sentido la lucha que hemos tenido para poder recetar un paracetamol y que ahora de repente podamos hacer un triaje de un catarro, un dolor lumbar, abdominal, una infección de orina... incluso con el antibiótico que requiere. Por cierto, el Sindicato Médico, que es quien ha negociado este acuerdo con el SCS, lo ha impugnado en Andalucía por intrusismo profesional.

–¿Cree que la Consejería no ha medido las consecuencias prácticas?

–Se supone que tiene que saber las consecuencias del acuerdo, pero no se podían hacer las cosas peor. Sanidad tiene 4 millones de euros de dotación económica para implantar la jornada de 36 horas y los gasta en peonadas (pago de horas extras), cuando se podía haber optado por otras maneras. Y a la consejera se lo he dicho, su propuesta va a suponer un caos organizativo en los centros de salud, porque está previsto de forma muy extraña e improvisada, con muy poca meditación. Lo más importante, insisto, es que se tomen este tipo de decisiones y se gaste este dinero sin que exista un plan estratégico.

–¿Qué arregla este acuerdo?

–Se supone que es para ajustar el horario de los trabajadores a las 36 horas acordadas, pero arreglar... más bien genera una distorsión importante. Para cubrir el horario de 15.00 a 17.00 horas, la Gerencia nos da a elegir entre cobrar 10 euros la hora por atender la urgencia o acogerte a una prolongación de jornada que no sabemos lo que implica. Hemos pedido que nos especifiquen qué funciones y retribución conlleva cada opción. Y nos remite a quienes lo han aprobado, porque la propia Gerencia de Atención Primaria está desconcertada.

–¿Qué alternativa plantea?

–Pues se podía haber decidido la fórmula que teníamos con las 35 horas, que entrábamos todos a las 8.22 horas. Como el SUAP estaba hasta las 09.00 cubría las urgencias y nosotros los días que nos correspondía trabajábamos hasta las 17.00 horas, que entraba el SUAP. Eso supone casi cero inversión. Y de esa forma ese dinero se podía destinar a promoción de la salud, a enfermeras escolares, a educación grupal, a trabajar con el paciente crónico...

–¿Fue un jarro de agua fría que se truncara del todo la enfermería escolar?

–Pues sí, éramos realistas, sabíamos que su desarrollo dependía de la voluntad política, pero se lo habíamos puesto muy fácil: desarrollamos el proyecto, lo pusimos en marcha, lo pilotamos, con todos los indicadores... sólo hacía falta apostar por ello. Pero para eso realmente tiene que haber una intención de que la Atención Primaria tiene un objetivo que va más allá de ver pacientes y enfermos, porque se trata de trabajar con niños y adolescentes. La consejera se comprometió en julio a ponerlo en marcha, y hasta el día de hoy no se ha movido ni una coma.

–¿Por qué no se apostó por la enfermería escolar cuando Cantabria fue pionera y muchas comunidades han seguido su ejemplo?

–Por la falta de proyecto político y de estrategia para Atención Primaria. Se van tomando soluciones según van surgiendo los problemas.

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